Encantado de ti, de vos

octubre 15, 2009

Y que me pasa que no me pongo la chaqueta y me dejo de excusas y voy y te digo de una buena vez que me tienes encantado.
Tu sonrisa divertida, tu mirada traviesa me tienen encantado. 
Anoche vi luz en tu balcón, me detuve ante él, trate de intentarlo, pero no hubo caso,  no iba lo suficientemente borracho. La maldita cordura no me dejo gritarte desde la calle que eres especial, que eres la única que me tiene encantado.

 

No lo hagas
No recuerdes si esta noche fue especial para ti y mucho menos que lo esta siendo para mi.
No te des cuenta de que te quiero si me pego a ti mas de la cuenta en este abrazo.
Para que hacerlo…
No entiendas mañana al despertar si son estos besos los únicos que quiero dar.
No me mires a los ojos, la ternura que hay en ellos me harán infinita tu ausencia en la semana.
No me acaricies dulcemente el rostro una vez mas, no lo hagas, al menos mientras callas en besos, estos ilusos labios. No me regales esta ilusión de encontrarte. Ya sabes… la resaca del amor, es insoportable…

V

La despedida

Te estás yendo, te vas y yo que sin ti me pierdo…

No te alejes siquiera este instante.

Sigue mirándome sin entender lo que siento.

Es inmensa y fría la noche y aún así en ella

desnudas mis labios a cada beso,

a cada beso me olvido, me voy olvidando,

te iras y yo que sin ti me pierdo…

Ahora son mías tus manos y el cielo de tus ojos

y él de la noche fría en que te estoy teniendo,

en ella se duermen mis labios a cada uno de tus besos,

se duermen para que en sueños sigas estando,

como en este instante,

todos los instantes en que te estoy queriendo.

IX

El amor después del amor

Hoy te he vuelto a ver

y aunque se queden las manos vacías como debe ser,

porque ya no eres la misma, ni yo el de ayer…

Hoy siento que todo tuvo razón de ser,

una razón muy valida, muy bonita que es la de querer.

Nos acompañamos, nos dimos, nos quitamos, nos perdonamos,

nos quisimos y al fin nos olvidamos

como muchas veces tiene que ser,

porque así no nos quedamos solos

y al fin una vez mas lo intentamos,

al fin una vez más volvemos a querer.

XI

Carta a mi amada

Nadie siquiera Goethe puede comprender

los estragos que hace en mí el desamor.

Desde que decidí no escuchar lo absurdo del mundo…

¿Para qué lo vano de atender y escuchar lo tan

absurdo…para qué!

Amada mía cuando me pierdo en mis adentros y hallo la

dulzura de tu voz y la comprendo, me quedo en ella,

ella es la sinfonía que más me eleva,

el concierto que aún espero.

Tosco, necio, intratable… ¡que mas da si no te tengo!

Desde que decidí no escuchar más que tu voz,

desde esos tiempos te espero…

Ya no amaré más a nadie…te esperaré y si no regresas,

al menos te tendré cuando me pierda en mis adentros…

En todo ese mundo que de ti llevo dentro…

Pero aún guardo la esperanza de tu regreso.

Esperando estoy, la dulzura de tu voz me sorprenda una

noche diciéndome :

Aún amado mío, aún en mis noches he de quererte…

En mis noches, en mis sueños…

L v Beethoven 10 de mayo primavera de 1820

 
Prólogo:  
                                                        
   De la poesía se ha hablado, se ha escrito tanto… este prólogo no será una excepción, se hará lugar en él también para ella y se escribirá, por ejemplo:
Las poesías, las obras poéticas han sido desde su creación llamadas a descubrir el sentido de la vida, no en sí el sentido universal que podamos atribuirle, sino aún más significativo aquel que cada uno desde su ser le encuentra y sostiene con orgullo y firmeza.
La vasta producción poética ha sido generosa y diversa en su andar histórico, pero sin duda lo que ha permitido su vigencia, fue y es lo esencial en ella, entonces, su espíritu lírico emergiendo en una constante desde la profunda necesidad del poeta de evocar sus emociones.
Refiriéndonos a la obra de este libro, en ella reina el ambiente  subjetivo propio del romanticismo, donde el yo del poeta libera sus pasiones, sus ansias de vida y libertad dando forma al verso desde lo más profundo de su ser, de allí  la percepción de cierto tono confidente o autobiográficos.
De ella se puede decir también que sus formas y palabras elegidas conllevan un carácter elemental, lo cual permite una lectura clara, directa, dejando al desnudo lo esencial en una obra poética, entonces, la imagen emotiva del verso, la cual es mostrada o dicha indistintamente, pero en ambos casos logrando el fin feliz, de movilizar las emociones del lector.
La obra es muchas veces profunda y su profundidad decanta, ahonda en la producción psicológica de las almas pronunciadas en sus versos y en la pasión desmedida con la que ellas aman.
Nos queda decir de los poemas en tributo a personalidades aparecidas en la obra, que fueron realizadas con el máximo respeto hacia las mismas y con la única intención de agradecerles lo tan bello que han aportado al arte y desde luego a la vida.
Nos queda decir de la poesía, que estamos infinitamente agradecidos por dejarnos hallar en ella un lugar bellísimo del mundo, donde el don de nuestra voluntad casi absoluta todo lo puede, hasta lograr esperanzarnos aún más en esta otra travesía tan difícil, pero tantas veces hermosa que es la vida.
XXVIII
 
 
 
El soñador y la barca
 
 
 
Mira, esa barca que ves ahí es mía.
 
Esa que tiene velas altas y blancas y es muy antigua.
 
Está en el muelle otra vez, 
 
a veces se va por las noches y regresa al alba, casi de día.
 
 
 
No sé si tenía otro dueño.
 
No sé si alguien más la quería.
 
Nunca la he comprado lo confieso.
 
Ni alguien vino a regalármela algún día,
 
pero lo juro es mía, lo digo para que me creas
 
y así me acompañes y juntos naveguemos en ella algún día.
 
 
 
Ella y yo una tarde de verano
 
que lentamente desvanecía y sin que nadie se diera cuenta,
 
partimos en silencio en el estruendo de nuestra alegría.
 
Navegamos mar adentro en medio de aguas tranquilas,
 
y así solitarios anduvimos los días.
 
 
 
Las noches eran inmensas como nunca,
 
inmensas de estrellas  que brillaban llenas de vida y…
 
 a veces era la luna  nuestra bondadosa guía.
 
 
 
Una noche de esas, fue la noche más bonita.
 
Nos impulsaron aún con más fuerza las suaves brisas.
 
Yo dormía en la cubierta,
 
mientras la barca ya cansada se mecía… y soñé…
 
Soñé ese día en que te conocía,
 
en él sonreías… mirabas llena de alegría y …desde entonces,
 
ya no quise despertar,
 
quise seguir en mi barca,
 
soñándote toda una vida.
 
 
 

¡Hola, mundo!

enero 7, 2008

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